8# OCTUBRE2004

 
           
 

LA VANGUARDIA // 28-06-04 // ARTICLE D'OPINIÓ
El chalet del oso // Miquel Molina

El 'modelo Benidorm' y su Terra Mítica amenazan el Pirineo

Sucedió a finales de los 90, cuando un redactor y una fotógrafa de prensa recababan opiniones sobre la reintroducción del oso pardo en el Pirineo. Uno de los entrevistados, un hombre soltero de unos 70 años, les invitó a visitar su casa en Alòs d'Isil, el pueblo más recóndito de uno de los valles casi vírgenes de la cordillera. El hombre estaba orgulloso de sus propiedades, que se extendían a otras fincas en el mismo núcleo. "Y luego tengo un prado a pie de carretera, en la entrada del pueblo, por el que me ofrecen una millonada para construir chalets. Pero no lo venderé, por mucho que me presionen; además, yo no necesito el dinero para nada". "No lo venda, no se deje convencer nunca", le dijo la fotógrafa antes de irse.

De las montañas que rodean Alòs d'Isil han llegado en los últimos días algunas noticias que invitan a pensar que el Pirineo goza de buena salud ambiental: se ha podido comprobar que han nacido nuevos oseznos en libertad, el macho Pyros ha sido avistado por los técnicos en perfecto estado de forma
y se constata que los rebecos empiezan a recuperarse de la enfermedad que en los últimos años había diezmado la cabaña. A falta de un modelo de crecimiento que establezca hasta dónde pueden llegar el desarrollo turístico y la preservación, y mientras siguen brotando como setas urbanizaciones de chalets suizos, la cordillera demuestra que aún no ha alcanzado el punto de no retorno. Es decir, que si se actúa con diligencia desde los gobiernos, todavía es posible detener la benidormización del fondo de los valles y la destrucción de los hábitats naturales de las especies más carismáticas por encima de los 1.500 metros.

El alboroto propiciado por las aventuras de Josep Lluís Carod-Rovira dejó en un segundo plano toda una declaración de intenciones por parte del conseller Joaquim Nadal, quien anunció en el inicio de la legislatura que su departamento velará por que no vuelva a construirse en suelo urbanizable. Es
posible que la preocupación de este Govern por la preservación del territorio sea más elevada que la del anterior, y consta que hay trabajos en marcha para definir la compleja frontera entre el derecho a la
supervivencia del mundo rural y la prerrogativa del ciudadano ecologista a acostarse más feliz si sabe los quebrantahuesos velan su sueño. El problema es de tiempo: el proceso de degradación irremediable en el que han entrado, por ejemplo, comarcas como Val d'Aran, puede extenderse a otros valles. Si seguimos utilizando como referencia el modelo zaplana de desarrollo irreversible, veremos que el peligro no acecha sólo en forma de epidemia de apartamentos, sino de algo seguramente más temible: la sombra alargada de Terra Mítica se proyecta sobre la Vall Fosca -proyecto en marcha de un megacomplejo invernal- o sobre la postergada ampliación de otras estaciones. Hoy en día, cuando no hay ecologista sensato que reniegue del esquí como motor económico de las áreas de montaña, no debería haber tampoco un gobernante cabal que abrace la ideología del chalet adosado como complemento del gran parque temático. En definitiva, no se trata de un debate en el terreno de las
ideas, sino de un mero cálculo económico basado en el revolucionario dicho de pan para hoy, hambre para mañana.

Por supuesto, el pobre vecino de Alòs d'Isil desoyó los consejos de la fotógrafa y acabó vendiendo su prado. Hoy se está cimentando el terreno para levantar no menos de 50 apartamentos, justo delante del cementerio donde reposan, hasta ahora en paz, los cuerpos de varios guerrilleros muertos en
las escaramuzas antifranquistas de 1944. Quien quiera saber cómo fue Alòs d'Isil, que se dé prisa.